Por: Nancy Gramigna
El paleontólogo guidense Mauro Aranciaga construyó una carrera científica que hoy tiene reconocimiento nacional e internacional. Desde el hallazgo de un dinosaurio único hasta el estudio de fósiles clave encontrados en la región, su trabajo combina investigación rigurosa, pasión por la historia natural y compromiso con la divulgación. En esta entrevista, repasa su vocación, sus principales descubrimientos y el significado de la nueva sala “La Era del Hielo” del Museo Chelforo en Labardén
¿Cómo comenzó tu vocación por la paleontología y cuándo decidiste dedicarte a esto?
–Mi vocación por la paleontología comenzó desde muy chico, como le pasa a muchos. Siempre me gustaron los dinosaurios y me interesaba conocer cómo era la vida en la Tierra hace muchísimos años, cómo eran esos seres tan extraños que vivieron y ya no están.
Como soy de campo, además, siempre estuve muy vinculado a la naturaleza. Me gustaba observar aves y otros animales. Por eso, si no hubiese estudiado paleontología, seguramente habría elegido algo muy parecido.
La decisión se terminó de definir cuando entré a la facultad. Si bien en algún momento dudé, cuando me fui a estudiar a La Plata, esa primera semana entendí que esto era lo que quería hacer toda mi vida. Desde los primeros meses empecé a ir al museo a colaborar y a aprender. Ahí es donde realmente arranca mi vocación.
¿Dónde trabajás actualmente y en qué consiste tu labor como paleontólogo?
–Yo trabajo en el Museo Argentino de Ciencias Naturales, que queda en Capital Federal y pertenece al CONICET; soy empleado del Estado.
Mi labor implica investigar, especialmente dinosaurios carnívoros de la Patagonia. Viajo dos o tres meses al año en busca de nuevos restos y para estudiar cómo fue la vida hace 65, 70 o incluso 100 millones de años en nuestro planeta.
La mayor parte del año el trabajo continúa en laboratorio: preparar los fósiles, limpiarlos de la roca que los rodea, analizarlos en 3D, compararlos con otros ejemplares y realizar estudios como tomografías computadas. De ese proceso surgen las respuestas sobre qué comían, cómo vivían y con qué especies estaban emparentados. Es un trabajo que combina investigación intelectual con el contacto directo con los huesos, que es lo que más nos apasiona.
¿Cuál fue el descubrimiento más importante o más curioso que recordás en tu carrera?
–El descubrimiento más importante fue el de Maip macrothorax, un dinosaurio megaraptor que habitó en las cercanías de El Calafate hace unos 70 millones de años.
Pertenece al grupo en el que yo me especializo y además fui quien lo encontró. Era un animal de unos 10 metros de largo, que pesaba entre dos y tres toneladas, pero que se caracterizaba por ser ágil y liviano. Tenía enormes garras en las manos, que en algunos casos superaban los 30 o 40 centímetros, con las que abatía a sus presas.
Hoy es un dinosaurio reconocido a nivel mundial, aparece en libros y videojuegos y es identificado incluso fuera del país. Sin duda marcó un antes y un después en mi carrera.
En el Museo Chelforó se presentó el fósil donado correspondiente al hocico de Morenelaphus. ¿Por qué es tan relevante este hallazgo?
–Es un hallazgo realmente muy importante. Dentro de su grupo no se conocen muchos fósiles y este es el segundo ejemplar registrado.
Además, conserva una parte del hocico que no se había preservado en ningún otro fósil de Morenelaphus en el mundo, lo que lo convierte en una pieza de enorme valor científico.
¿Qué pudieron descubrir a partir de esa parte del cráneo y qué nos dice sobre cómo era este animal y el ambiente en el que vivía?
–Nos permitió reconstruir cómo era la cara del animal y obtener información sobre su alimentación, aportando datos que hasta ahora no se conocían.
También comprendimos que Morenelaphus no estaba emparentado con los otros ciervos nativos de Sudamérica, sino con los de Europa y Norteamérica. Eso indica que llegó al continente a través de migraciones sucesivas desde el norte, formando parte de los grandes movimientos de fauna que marcaron la historia natural sudamericana.
Este tipo de información es clave para entender los animales que hoy se exhiben en la sala “La Era del Hielo”.
También se hallaron restos de un gliptodonte en el arroyo Chelforó. ¿En qué estado se encuentra actualmente ese material?
–El gliptodonte se encuentra actualmente en estudio y en preparación. Es un animal muy grande y su análisis resulta complejo, tanto por cuestiones económicas como logísticas.
Parte del material permanece en el museo y otra parte fue trasladada a Buenos Aires para continuar con su estudio. La intención es completar el análisis y que el fósil pueda exhibirse nuevamente, ya que forma parte del patrimonio local.
Comentaste que fue trasladado parte del material a Buenos Aires para su estudio. ¿Cómo continúa ahora el proceso y cuál es la idea final?
–La idea y el proceso con el fósil de Labardén es trasladarlo a Buenos Aires, a mi oficina, para realizar distintos estudios. Allí le hacemos tomografías médicas y estudios histológicos que nos permiten conocer la estructura del hueso y determinar si se trataba de un animal adulto o juvenil.
También realizamos análisis más vinculados a la biología, como estudios sobre su alimentación, porque no es lo mismo que haya consumido hojas de plantas que pasto; eso nos aporta información sobre su biología y modo de vida.
Lo que ya se encuentra en Buenos Aires lo estamos estudiando de manera gradual y cuidadosa. El material que permanece en Labardén queremos prepararlo para llevarlo también y continuar su análisis. Al igual que con el Morenelaphus, la idea final es realizar un montaje, montar una exhibición y devolver el fósil al museo.
En este proyecto participaron investigadores de la UBA y la Fundación Azara. ¿Cuál fue el rol de cada institución?
–En este proyecto colaboraron tres instituciones. El Laboratorio de Anatomía Comparada, al cual pertenezco y que funciona dentro del mismo museo, nos encargamos , junto con otro especialista que no pudo asistir, Nicolás Chimento, de la preparación del material y del estudio científico.
La Universidad de Buenos Aires se ocupó de la preparación del fósil, de la creación de los talleres y de toda la divulgación del proyecto, incluyendo la creación de contenido, notas periodísticas y las actividades realizadas durante la presentación.
Por su parte, la Fundación Azara fue el principal motor para financiar la exposición: paneles, montaje del ciervo y la logística para trasladarlo, aspectos muy importantes. Además, el equipo de la fundación colaboró en la creación de la escultura que hoy se exhibe en el Museo de Labardén.
¿Qué significa para vos la inauguración de la sala “La Era del Hielo”?
–Para mí, inaugurar la sala La Era del Hielo en el Museo Chelforó es un orgullo, porque representa al mismo tiempo la culminación y el puntapié inicial de mucho trabajo.
Es el puntapié inicial porque es el primer paso de una serie de acciones que vamos a desarrollar a futuro: generar nuevas investigaciones, organizar expediciones y crear más material expositivo para los museos. La idea es seguir construyendo, a futuro, más proyectos y actividades científicas en la región.
Y también es una culminación desde un aspecto más personal y romántico. Este fósil del arroyo Chelforó lo había visto cuando estaba en la secundaria, cuando todavía dudaba si estudiar paleontología. Apenas empecé la carrera, vine y participé en pequeñas colaboraciones para el museo local. Después me recibí y, ya como profesional, regresé para trabajar en el gliptodonte, encontramos a este ciervo e inauguramos finalmente la sala.
Mi trabajo aquí comenzó cuando todavía estudiaba y hoy continúa en esta sala. Es cerrar un ciclo, uno de esos ciclos del chico que quería estudiar paleontología y no sabía si lo lograría. Me esforcé, lo conseguí con el apoyo de mucha gente y hoy vuelvo a mi comunidad.
Vuelvo también para transmitirles a los chicos y chicas que quizás están dudando: si quieren estudiar y apostar por lo que aman, pueden hacerlo. Puede ser paleontología u otra carrera, pero vale la pena realmente estudiar lo que uno quiere.
MAURO ARANCIAGA PALEONTÓLOGO - @mauroaranciaga
LABORATORIO DE ANATOMÍA COMPARADA -@ paleocueva.lacev
LABORATORIO DE PALEONTOLOGÍA DE VERTEBRADOS - @paleoverteuba
FUNDACIÓN AZARA - fundacionazara