Por: Nancy Gramigna
Desde los ocho años, Agustín Mendiola descubrió su pasión por el handball en la Escuela Municipal de Deportes de Maipú, y desde entonces no ha dejado de crecer en este deporte. “Arranqué con Julio y Franco en la escuelita, siempre con ellos”, recuerda. Su talento lo llevó a participar en torneos provinciales y nacionales, destacándose entre los mejores jóvenes de la región.
El camino de Agustín dio un gran salto al ser convocado a la preselección argentina, un proyecto que reúne a los mejores jugadores del país con miras a competencias internacionales. “Es un proyecto que se va armando a nivel nacional, citando chicos de todas las provincias para conformar el equipo final”, explicó, haciendo referencia a la preparación para el Sudamericano que se realizará en Asunción, Paraguay, y el Mundial proyectado para fin de año.
La experiencia en la preselección fue exigente: cuatro días de entrenamientos intensos, pruebas físicas y técnicas, con seguimiento individual por parte de los entrenadores. “Era un turno completo, arrancando temprano, con desayuno y descanso, entrenamientos de 12 a 3 o 2, gimnasio, tests físicos y mediciones de masa corporal. Me dijeron que tenía un buen futuro por mi físico, y eso me motivó mucho”, detalló.
Con 1,91 metros, Agustín se destacó no solo por su estatura sino por su garra y disciplina. La preselección reunió a 90 chicos, provenientes de provincias como La Rioja, Entre Ríos y, principalmente, Buenos Aires, reflejando la competencia y el alto nivel del proceso.
Más allá del entrenamiento, Agustín valora la experiencia humana y deportiva. “Es enriquecedor conocer chicos de todo el país, ver cómo juegan y aprender de ellos. La intensidad y calidad de los partidos es impresionante”, contó. Sin embargo, el proceso también implica decisiones importantes a nivel personal y familiar. La logística de entrenar y jugar en clubes de otras ciudades requiere dedicación y sacrificio.
Actualmente, Agustín juega en el club Los Unidos de Mar del Plata, adonde se trasladó junto a un compañero de Maipú para cumplir con una mayor carga horaria y entrenamientos de alto nivel. “Decidí cambiarme para tener más exigencia y calidad de entrenamientos. Acá en Maipú siempre seré de la raíz, pero para crecer hay que buscar lo mejor”, aseguró. El viaje implica cuatro entrenamientos semanales, partidos y preparación física específica, además del seguimiento por nutricionistas, preparadores físicos y kinesiólogos en cada sesión.
El apoyo familiar fue clave en todo este proceso: “Mi familia es fundamental, todo va de nuestro bolsillo porque es un deporte amateur. Mis padres me bancan muchísimo y mi hermana es prácticamente mi psicóloga”, relató Agustín, agradeciendo también a sus entrenadores iniciales, Julio y Franco, que marcaron el inicio de su camino en el handball.
Agustín Mendiola se perfila como una de las jóvenes promesas del handball argentino, con disciplina, talento y sueños claros: Sudamericanos, Mundiales y, por qué no, un futuro en la selección mayor. Su historia refleja la combinación de esfuerzo personal, apoyo familiar y la búsqueda constante de superación.
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