Por: Nancy Gramigna
La Fiesta Nacional del Ternero y Día de la Yerra cerró una edición que quedará en la historia de la ciudad de Ayacucho. Con más de 100 mil personas a lo largo de la semana, la celebración no solo se destacó por su convocatoria, sino también por la diversidad de propuestas y el fuerte compromiso de toda la comunidad. “Fue una edición histórica. Pudimos ver y recordar aquellos años de mucha participación de la gente. La fiesta colmó todas las expectativas”, expresó Gustavo Taylor, presidente de la comisión organizadora, al realizar un balance general.
Uno de los aspectos más valorados fue el funcionamiento integral de la programación. A diferencia de otras ediciones, el público no se concentró en un solo sector, sino que recorrió los distintos espacios: el Patio de Tierra, la Chacra Municipal, el paseo gastronómico, el paseo cervecero y los sectores de emprendedores y artesanos. “A donde ibas había muchísima gente”, resumió.
La Chacra Municipal fue uno de los puntos más convocantes, con cifras que superaron ampliamente lo previsto. Mientras que los cálculos iniciales rondaban entre 3.000 y 3.500 personas, las estimaciones finales indican que hubo entre 6.000 y 6.500 asistentes en simultáneo. Allí, las tropillas entabladas, más de 40 caballadas y las propuestas tradicionalistas generaron un espectáculo de gran impacto visual y cultural.
El Patio de Tierra también registró cifras contundentes: más de 12.000 personas el viernes y más de 10.000 el sábado, con una grilla que combinó tradición y música popular. Entre los artistas destacados estuvieron Eugenia Quevedo, Ángela Leiva y Luck Ra, además de una fuerte presencia del folclore en distintos escenarios.
En ese sentido, desde la organización destacaron la importancia de lograr un equilibrio entre tradición y espectáculos masivos. “Es una fiesta tradicional, pero también necesitamos artistas que convoquen, que corten ticket y generen ingresos para sostenerla”, explicó Gustavo.
Otro de los momentos destacados fue el desfile tradicionalista, que se extendió a lo largo de 18 cuadras, convirtiéndose en uno de los más extensos de la provincia. Con una gran cantidad de delegaciones, caballadas, carrozas y participantes, volvió a ser una de las postales más representativas de la fiesta.
Más allá de los números, la participación de la comunidad fue uno de los pilares del éxito. Emprendedores, artesanos, instituciones y vecinos se involucraron activamente, ya sea trabajando o colaborando. “Hay dos caminos: el que participa para trabajar y ganarse unos pesos, y el que lo hace de manera solidaria. Pero todos son parte de la fiesta”, señaló.
En este punto, también se destacó el perfil solidario de la ciudad. “Debemos ser un pueblo que acompaña al vecino, y eso se vio claramente en esta edición”, agregó el presidente.
En cuanto a la organización, Gustavo recordó que asumió en 2021, tras una elección marcada por diferencias en la visión de la fiesta, y que en 2023 la gestión fue ampliamente respaldada por los socios. “Trabajamos para el bien de la fiesta, de los asociados y de toda la comunidad”, afirmó.
El aspecto económico también refleja la magnitud del evento. Según detalló, el presupuesto total ronda entre los 1.000 y 1.200 millones de pesos. “Son números muy grandes y una gran responsabilidad. No es dinero propio, es de la fiesta, y debemos administrarlo con cuidado”, remarcó.
Si bien aún resta el cierre definitivo, las primeras proyecciones son positivas. El informe económico será presentado a mediados de abril, en un encuentro que incluirá a colaboradores, autoridades y medios.
Otro factor clave fue el clima, que acompañó durante toda la semana y permitió el desarrollo pleno de las actividades al aire libre. “En este tipo de fiestas, el tiempo es fundamental. Y esta vez nos acompañó”, destacó.
La edición cerró con un Patio de Tierra colmado durante la coronación, reflejando el nivel de convocatoria alcanzado. Sin embargo, lejos de tomarse un descanso, la comisión ya trabaja en lo que viene.
La próxima edición ya tiene fecha confirmada y se realizará del 7 al 14, con el objetivo de sostener y superar lo logrado. “La fiesta hay que cuidarla, porque es la más importante que tenemos en nuestra ciudad”, concluyó Taylor.
Con una combinación de tradición, música, participación comunitaria y una organización consolidada, Ayacucho reafirmó el lugar de su fiesta como una de las más importantes del país.