Por: Nancy Gramigna
“La pastelería me atraviesa por completo, ya dejó de ser un trabajo desde hace rato”, cuenta emocionada Evangelina de Arrieta. Nacida en Maipú y actualmente viviendo en Mar del Plata, Evangelina fue seleccionada para integrar la selección argentina que representará al país en el Mundial de Pastelería 2025, a realizarse los días 6 y 7 de noviembre en Roma, Italia.
La historia de Evangelina es, en sus palabras, tan sorpresiva como emocionante. En 2020, durante la pandemia, se quedó sin trabajo, igual que su mamá. En medio de la incertidumbre, comenzaron a vender tartas y alfajores de maicena hechos en casa, sin formación previa ni grandes herramientas. Solo con una cocina antigua, utensilios comunes y muchas ganas de salir adelante.
“Empezamos con lo que teníamos, vendíamos lo que podíamos hacer. Yo la ayudaba a mi mamá, y cuando empezaron a pedir cosas nuevas por redes, empecé a investigar y me metí de lleno”, recuerda. Fue entonces cuando decidió tomar su primer curso online de tortas decoradas. Así comenzó una nueva etapa, marcada por la experimentación, el aprendizaje autodidacta y el deseo de proponer algo diferente.
Con el tiempo, y sin buscarlo, su emprendimiento creció, y la pasión se volvió vocación. “En el momento en que lo que hacía me empezó a dar placer, me involucré con todo: el tiempo, la energía, las herramientas que tenía. Si podía aprender algo nuevo, lo hacía. Si alguien sabía más, preguntaba”.
El salto al Mundial
El reconocimiento llegó de manera inesperada. Sin haber podido estudiar profesionalmente pastelería, Evangelina logró destacarse por su técnica, su estilo y su compromiso. Así fue convocada para formar parte del equipo nacional que representará a la Argentina en el prestigioso Mundial de Pastelería.
Desde hace unos días, comenzaron los entrenamientos intensivos en Buenos Aires. Las jornadas son de entre ocho y nueve horas diarias, y la preparación se extenderá hasta noviembre. “Es una inyección de aprendizaje que no me la daría ni diez años trabajando en un hotel como jefa de pastelería. Estoy rodeada de personas con una formación y experiencia enorme, y quiero absorber todo lo que pueda”.
El equipo argentino ya está pensando a largo plazo, más allá de esta edición. Evangelina espera seguir involucrada en proyectos futuros, pero por ahora, su objetivo está puesto en Roma.
El gran desafío: llegar
El camino no es fácil. Más allá del entrenamiento físico y emocional que requiere una competencia de esta magnitud, la parte económica representa un obstáculo importante.
En total, cada integrante del equipo necesita reunir alrededor de 10 millones de pesos, lo que incluye materiales, herramientas específicas, pasajes y estadías en Italia. En el caso de Evangelina, se suman los gastos de traslado y alojamiento durante los meses previos, ya que vive en Mar del Plata y entrena en Buenos Aires.
“Todavía no reuní el dinero necesario para viajar en julio, cuando el equipo viaja a capacitarse en heladería y resolver cuestiones administrativas. Por eso mi objetivo es estar en la competencia de noviembre”, explica con claridad.
Frente a esta situación, está buscando apoyo solidario, sponsors, o empresas del rubro gastronómico que quieran colaborar, ya sea con materiales, equipamiento o parte de los gastos. Pensó en organizar alguna rifa solidaria, y sigue analizando otras formas de financiamiento.
Quienes deseen colaborar pueden hacerlo a través del alias:
👉 evangelinapasteleria
También pueden encontrarla en Instagram como @evangelina.pasteleria, donde comparte parte del proceso y las novedades del equipo.
La familia, siempre
A pesar de la emoción y el orgullo, Evangelina no pierde el equilibrio. Sabe que este logro también es colectivo. “Nos sentamos en casa, lloramos, nos emocionamos. Dijimos: no sabemos cómo, pero lo vamos a hacer. Mi familia me apoya en todo, aunque no siempre es fácil. Ellos son el equipo que me sostiene por fuera de la competencia”.
El camino continúa, con muchos esfuerzos por delante, pero también con la alegría de quien sabe que está viviendo un momento único. “Cuando hay pasión, los obstáculos se vuelven más débiles”, dice con convicción. Y su historia es prueba de eso.