sábado 09 de mayo de 2026 - Edición Nº424

Sociedad | 9 may 2026

ENTREVISTA

“Imaginación me sobra”: Julia Ercoreca y una vida atravesada por los libros y la escritura

17:57 |LaJulia Ercoreca pasó por “Gente de mi Pueblo” en una charla íntima y emotiva donde habló de sus comienzos, del Taller Literario Municipal, de la influencia de Ana Laura Espina y de cómo la escritura se convirtió en una forma de vivir, recordar y contar la historia local.


Por: Nancy Gramigna

En el marco del Día Mundial del Libro, “Gente de mi Pueblo” compartió una entrevista especial con Julia Ercoreca, autora maipuense de Hojas de Roble Sobre la Laguna y Bombones de Chocolate, quien abrió las puertas de su historia personal y literaria en una charla atravesada por los recuerdos, la emoción y la pasión por escribir.

“Aprendí a leer y nunca dejé de leer”, resumió Julia al recordar sus primeros años. Contó que desde muy joven escribía historias, aunque muchas veces terminaban rotas antes de que alguien pudiera leerlas. “Escribía y rompía, escribía y rompía”, recordó entre risas.

El camino que la llevó a publicar sus primeros libros comenzó casi sin darse cuenta, a partir de los cuentos que les inventaba a sus nietas. Uno de esos relatos cambió algo para siempre. “Les leí un cuento mío sin decirles y cuando terminé me aplaudieron. Ahí pensé: ‘¿Qué escribí?", relató.

Poco tiempo después llegó el concurso literario local y, más tarde, el ingreso al Taller Literario Municipal coordinado en aquel entonces por Ana Laura Espina, figura a la que recordó con enorme cariño y admiración. “Estoy de duelo todavía”, confesó Julia al hablar de Ana Laura. “Era una persona enorme, sumamente culta, entusiasta de la vida. No había tema del que no supiera. Siempre tenía otra mirada”, expresó.

A lo largo de la entrevista también destacó el clima humano que se genera dentro del taller, un espacio que describió como mucho más que un lugar para escribir. “No escribimos ahí. Hablamos, nos reímos, hay mucho conventillo… pero conventillo que nutre”, dijo con humor.

Sobre el proceso creativo, Julia dejó en claro que escribir no depende solamente de la inspiración. “Hay que sentarse. Es trabajo. Llenar papeles, tirar y volver a escribir”, afirmó. Aunque también reconoció que la imaginación ocupa un lugar central en su vida. “Imaginación me sobra, vivo colgada de las nubes”, dijo.

Uno de los momentos más profundos de la charla apareció cuando contó cómo nació su interés por investigar la historia local. Todo comenzó con una consigna del taller literario: escribir historias de Maipú. “Ese día salí desolada, no tenía nada”, recordó.

Sin embargo, una visita al campo cambió el rumbo de su escritura. Allí apareció la historia de una condesa rusa vinculada a estas tierras y, detrás de ella, la figura de Francisco Ramos Mejía. “Ramos Mejía me dio vuelta la vida”, aseguró. Y agregó: “Es imperdonable vivir en Maipú y no haber sabido quién fue”.

Julia explicó que, aunque sus obras están escritas desde la novela, detrás existe un fuerte trabajo de investigación. “No soy historiadora, pero soy responsable. No puedo hablar de una persona o una situación si no está documentada”, sostuvo.

También reflexionó sobre el intercambio generacional dentro del taller y la riqueza de compartir el espacio con jóvenes. “Ellos hablan otro idioma, tienen otra mirada, otros intereses. Pero fue muy enriquecedor”, contó.

Respecto a sus libros, confesó que jamás imaginó convertirse en autora publicada. “No se me cruzó nunca por la cabeza. Era un sueño que ni siquiera me animaba a soñar”, expresó.

Actualmente trabaja en una tercera obra, muy ligada a cuestiones familiares y personales. “Me costó mucho escribirla”, admitió. Incluso reveló que decidió sacar algunos capítulos porque eran demasiado íntimos. “Cuando uno escribe, se desnuda”, reflexionó.

Sobre lo que espera para el futuro, Julia fue sencilla y sincera. “Si lo editan, bien. Y si no, no importa. Yo voy a seguir escribiendo mientras la cabeza me funcione y los años me lo permitan”.

En el cierre de la entrevista compartió una frase del poeta Antonio Porchia que la acompaña profundamente: “Uno debe vivir para ser un buen recuerdo”. Quizás allí también esté el sentido de sus libros. Historias que nacen desde la imaginación, pero que quedan guardadas en la memoria de quienes las leen.

Con emoción, sensibilidad y una enorme pasión por las palabras, Julia Ercoreca dejó en claro que escribir no es solamente contar historias. También es preservar recuerdos, recuperar raíces y dejar algo de uno mismo en los demás.

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