Por: Nancy Gramigna
Hay historias donde el fútbol es mucho más que una pelota. Historias donde aparecen el desarraigo, el trabajo, la familia y el esfuerzo silencioso de acompañar un sueño.
En una emotiva charla en Gente de mi Pueblo, David Cándido compartió su experiencia de vida desde Miami, ciudad donde reside desde hace más de veinte años luego de emigrar en plena crisis argentina de comienzos del 2000.
“Yo no quería irme del todo. Siempre me gustó vivir allá”, recordó al hablar de su vida en Buenos Aires, donde tenía un estudio de fotografía en Palermo. Un violento robo en su local terminó siendo el punto de quiebre que lo llevó a tomar la difícil decisión de emigrar junto a su familia.
Con apenas algunos dólares en el bolsillo y muchas incertidumbres, comenzó una nueva vida en Estados Unidos. Allí debió adaptarse no solo a otra cultura, sino también al idioma y a las dificultades que enfrentan muchos inmigrantes. “No sabés ni dónde estás parado cuando llegás. Una cosa es venir de vacaciones y otra muy distinta es empezar de cero”, contó.
David relató que sus primeros tiempos en Miami estuvieron atravesados por el miedo a no entender el idioma y por la necesidad de salir adelante rápidamente. Poco a poco, comenzó a abrirse camino en el mundo de la fotografía, profesión que ya había desarrollado en Argentina luego de estudiar publicidad y fotografía publicitaria. “Siempre trabajé de fotógrafo. Fue lo que me abrió puertas acá también”, explicó.
Pero gran parte de la entrevista giró en torno a Theo, su hijo de 21 años, quien actualmente juega de manera profesional en Puerto Rico. El joven volante ofensivo atraviesa un gran presente futbolístico y recientemente fue elegido dentro del once ideal del campeonato local. “Cuando tenía cuatro años agarró una pelota y dijo que quería jugar. Ahí empezó todo y nunca más paró”, recordó emocionado.
David contó cómo acompañó el crecimiento futbolístico de su hijo desde las primeras escuelitas en Miami hasta su experiencia en Argentina, donde Theo jugó en clubes como Argentinos Juniors y Defensores de Belgrano. Incluso estuvo muy cerca de llegar a Primera División en Gimnasia y Esgrima La Plata.
Para apoyar ese proceso, David viajó durante dos años constantemente entre Estados Unidos y Argentina, mientras continuaba trabajando como fotógrafo. Durante ese tiempo también fue contratado para documentar obras de infraestructura nacional, experiencia que le permitió desarrollar además proyectos fotográficos más artísticos y personales. “Si un chico quiere realmente jugar al fútbol, el proceso de club y la competencia en Argentina enseñan muchísimo”, reflexionó.
Durante la charla también dejó una mirada muy humana sobre el deporte infantil y el rol de las familias. “Los chicos la tienen que pasar bien. Hay muchos que sufren demasiado porque no juegan o porque no hacen goles. Los padres tienen que estar atentos y acompañar sin pensar que el hijo va a ser Messi”, expresó.
Junto a su esposa y sus tres hijos, David mantiene muy presentes las raíces argentinas y maipuenses dentro de su hogar. Mate, costumbres y el idioma forman parte de la vida cotidiana familiar. “Él es re argentino, toma mate y dice que es maipuense”, contó entre risas al hablar de Theo.
Más allá de los años vividos fuera del país, David aseguró que el vínculo con Maipú sigue intacto. Allí vive su madre y permanecen muchos afectos y recuerdos de su historia personal. “Maipú siempre es mi pueblo”, afirmó.
La historia de David Cándido refleja el recorrido de muchos argentinos que debieron reinventarse lejos de su lugar de origen sin perder nunca sus raíces. Entre la fotografía, la emigración y el fútbol, aparece también el valor de acompañar los sueños de los hijos con esfuerzo, compromiso y amor familiar.
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