Por: Nancy Gramigna
Monseñor Juan Ignacio Liébana, obispo de la Diócesis de Chascomús, compartió un mensaje dirigido especialmente a padres, madres y abuelos, en el que invitó a reflexionar sobre las celebraciones de Halloween y los contenidos que se transmiten a los niños a través de estas prácticas.
En su exposición, señaló que en distintas localidades de la diócesis observa a chicos que salen a las calles disfrazados con elementos vinculados con la muerte, la violencia, el terror y la oscuridad. Si bien destacó como positivo el encuentro entre los niños y la posibilidad de compartir una actividad comunitaria, manifestó su preocupación por los símbolos que acompañan esos disfraces y se preguntó si contribuyen a su crecimiento.
Para explicar su mirada, recordó una experiencia vivida durante los 15 años que estuvo en Santiago del Estero, donde los niños salían a las calles durante la mañana del Domingo de Pascua para pedir la bendición a los vecinos. Según relató, recibían golosinas y se acercaban también a los sacerdotes para pedirles que los bendijeran. El obispo contrapuso aquella imagen con la de los disfraces de Halloween y planteó la importancia de pensar qué mensajes se ofrecen a las nuevas generaciones.
Liébana sostuvo que los adultos deben desarrollar una mirada crítica frente a las costumbres y las modas que llegan de otros lugares, en lugar de aceptarlas simplemente porque todos las siguen. En ese sentido, relacionó su reflexión con la preocupación por la violencia, el bullying y las formas de hostigamiento y descalificación que se observan en distintos ámbitos, incluidas las redes sociales.
También propuso recuperar espacios de diálogo en las familias, especialmente alrededor de la mesa, y evitar que las pantallas terminen aislando a los niños de sus vínculos más cercanos. Consideró que estas conversaciones pueden darse tanto en los hogares como en las parroquias, las comunidades de fe, las escuelas y los espacios de catequesis.
Como alternativa, mencionó las iniciativas de algunas parroquias que convocan a los niños a participar el 1 de noviembre, Día de Todos los Santos, vestidos como figuras de santidad que puedan transmitir ejemplos de solidaridad, entrega y amor al prójimo.
Hacia el final de su mensaje, el obispo llamó a construir una cultura de la vida, de la luz y del encuentro, y a no resignarse frente a las costumbres instaladas. Su propuesta fue abrir el debate en familia y en las comunidades, preguntándose qué valores se busca transmitir a los niños y qué gestos pueden contribuir a una sociedad más solidaria
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